A pesar de todos los estudios y elucubraciones de filósofos y científicos, el camino recorrido por la información para convertirse en conocimiento, sigue teniendo una gran dosis de misterio. No obstante, algunos teóricos se han aproximado como para esbozar una idea lo suficientemente esclarecida, útil para permitirnos elaborar una propuesta a los efectos de iniciar una discusión creadora, un encuentro y diálogo de saberes que resulte enriquecedor para todos. En razón de ello, me permito colgar aquí un ensayo que coescribí con la Licenciada Sandra Velásquez; esperamos sus comentarios queridos amigos.
Apuntes de Psicolingüística.
Licda. Sandra Velásquez,. Mcp José Pernía, Agosto de 2018
Dentro de las mayores preocupaciones de los docentes en
la praxis diaria, se encuentra el cómo aprenden los estudiantes y, también,
cuáles son los factores para que desaprendan, esto es: cómo ocurren esos
cambios biológicos y psicológicos que
determinan los aprendizajes. En esta tarea, han determinado, a partir de
extensas investigaciones, que el dominio del lenguaje oral y escrito es
determinante para lograr aquello de lo cual se empodera la persona, lo que
aprehende, pasando a ser parte de su acervo cultural. A esta tarea se dedica la
psicolinguística por ello es posible adherir lo que señala Jaén (2007)…los
psicolinguistas buscan entender mejor el funcionamiento mental del
lenguaje en tanto que código
comunicativo específico de la especie humana… (p. 40);
Al respecto, cabe señalar que es posible inferir que es
absolutamente legítima la preocupación acerca de lo que ocurre dentro de la mente humana
cuando habla, cuando intercambia, cuando se expresa, en ese proceso
conversacional que tanto ocupaba a Maturana y que fue el centro de su
investigación: en el transcurso de interconexión humana a través del lenguaje:
lo que se dice, pero también los silencios. No obstante, cabe una pregunta: ¿Y
lo gestual? , aquellas cosas que no se
dicen, pero que conforman parte de la expresión, trasluciendo emociones,
estados de ánimo, actitudes; esos meta-lenguajes presentes en todo encuentro
humano, que se evidencian en proximidades, intimidad, alejamientos y bloqueos
corporales; lo cual demuestra que todavía existe todo un compendio de códigos
aún por descifrar; tan elaborados que no se pueden enumerar, porque muchos de
ellos, tal como las huellas digitales, son incitos a las personas que los usan.
Así mismo, el autor (Jaén, 2007) señala que… el lenguaje
es la facultad oral (…) de las personas para comunicarse… ; afirmación esta de
la que se pide permiso para disentir, dado que está dejando sola y casi
exclusivamente a los mudos el uso del cuerpo. Como si en cada conversación no
existiera toda una “jerga corporal” que habla mucho más que las palabras
pronunciadas. Esta postura es solamente entendible porque los lingüistas se ocupan,
básicamente, de la oralidad, de lo medible y cuantificable por medio del uso de
códigos, palabras ya sea escritas o verbales; mientras que el lenguaje supera
todas esas barreras: gemidos, resoplidos, cambios en la respiración, apertura
de las fosas nasales, silencios, posturas, movimientos casi imperceptibles,
cambios posturales y un larguísimo etcétera, que constituyen formas de
comunicación, partes indisolubles del lenguaje.
Ahora bien, al comprender y aceptar que dentro del
proceso comunicacional, la escritura guarda una primacía indiscutible, sobre
todo, por la perennidad de las emisiones, las cuales pueden volver a ser
consultadas mucho tiempo después, por muchas personas y tener múltiples y
variadas interpretaciones: tantas, como lectores las decodifiquen, se hace
importante comprender el valor
psicolinguístico de la escritura; de lo cual deviene que es necesario abordar
su origen, para lo cual se revisan los trabajos de (Gelb,1987 y Mosterín,1993,
así como los de Matingly y otros (en VELARDE,
CANALES, MELENDEZ, & LINGÁN, 2010) según quienes pudiera tener dos
orígenes pero ambas posturas entendiendo a la escritura como un elemento de
origen secundario.
Sin embargo, mientras Gelb (1987) sostiene una teoría
monogenética y evolucionista de la escritura, según la cual es uno solo el
origen de esta, Matingly (1989) Coulmas (1989)
y Sampson (1985) estiman que la tiene un origen multigenético; esto es:
pudiera haber aparecido simultáneamente en distintos lugares del mundo. No
obstante, siguiendo la clasificación hecha por el primero de los citados, quien
en opinión de los autores (VELARDE, CANALES,
MELENDEZ, & LINGÁN, 2010) es quien mejor entiende el proceso de la
escritura, se puede afirmar que esta se viene decantando desde el lenguaje
logosilábico egipcio, pasando por la escritura silábica (semítico-occidental)
hasta el alfabeto griego, en una progresión histórica sobre la que, sin embargo, Mosterín crea un sistema de cinco
estadios: morfosilábica, silábica o silabario, morfoconsonántica, alfasilábica
y alfabética, cada una tributaria de la otra, en progresión superpuesta y
combinada, hasta producir distintas formas de expresión, pero basadas todas en
el mismo principio.
A este respecto, según Gelb (1987en; LINUESA C. & DOMINGUEZ G., 2010)) el
proceso de desarrollo de la escritura del alfabeto como se conoce en el idioma
actual es un código de comunicación dependiente, al ser una representación del
lenguaje que es a la vez fonémica y ortográfica. Fonémica porque representa a
las palabras que se quieren expresar y ortográfica, porque requiere de
distintas formas de abordaje para separar algunos significados de otros, como
es el caso de las palabras homófonas (huso, uso; haya, aya, etc.) de lo cual se
desprende que el lenguaje tiene incitos metalenguajes, que es necesario
decodificar para que la persona pueda comunicarse apropiadamente, más allá de
la simple lectura mecánica de los fonemas, algo que puede ocurrir y a lo cual
llaman los políticos populistas “eliminación del analfabetismo”.
Sobre este particular, cabe destacar que no es suficiente
con decodificar los fonemas, sino que es necesario que se comprenda su
significado en cuanto componentes de una expresión o un contenido; a esto se
llama comprensión lectora y es el nivel más elevado de la lectura, en el cual
la persona, el lector, se empodera de los conocimientos que le quieren ser
transmitidos mediante el texto, partiendo de una adecuada traducción de los
fonemas, no solo en lo que dicen sino en aquello que quieren inferir.
Para un concepto de la comprensión lectora se sigue lo
señalado por (TOLOSA & ZERPA, 2009) para quien
…es el resultado
final de la interacción entre el texto y el lector, cuyo proceso está guiado
por la intención de incorporar la información nueva en el conjunto de los
esquemas de referencia e interpretación organizados en la memoria. La
comprensión activa relaciones existentes o facilita la construcción de esquemas
que sintetizan la información importante del texto y las inferencias del lector
(Kintsch, 1994). (p.261)
En ese mismo tópico, al analizar la cita anterior se puede extraer un primer concepto de comprensión lectora como el acto de… incorporar la información
nueva en el conjunto de los esquemas de referencia e interpretación organizados
en la memoria… en lo que se deviene como un par significativo: en primera
instancia, el reconocimiento del acto de empoderamiento de una información
nueva a ese grupo de esquemas preexistentes, lo cual quiere decir que la comprensión
lectora es un acto acumulativo, dependiente y relacionado con los conocimientos
previos del lector y que, además, es
absolutamente proveniente de la volición humana y no se parece en nada a la
decodificación mecánica de los fonemas, sino que obedece a un acto
metalingüístico: la aprehensión de significados ulteriores, de lo que se quiere
decir con lo escrito, no solamente de lo que está escrito.
Se puede decir, también con FERNÁNDEZ J., (2007) que… para comprender y producir mensajes es
necesario poseer información lingüística almacenada en la memoria… (p. 59) lo
cual hace que sin este conocimiento previo sea imposible entender o producir
ninguna información. Confirmando el carácter acumulativo de la comprensión
lectora, como premisa para la aprehensión de conocimientos: solamente se
aprende, cuando se tienen bases sobre las cuales incorporar conocimientos
nuevos: cuando las experiencias previas de aprendizaje han preparado la mente
para recibir un conocimiento superior, más complejo.
Siguiendo ese orden de ideas Chomsky (en FERNÁNDEZ J., 2007; p. 60) afirma que en el
proceso de decodificación y producción del lenguaje también entran en juego
factores genéticos, los cuales serían los encargados de dar cuenta de la lógica
de las producciones, ya sean verbales o escritas, con lo cual el aprendizaje
tiene un origen tanto biológico como mental; perteneciente al sistema nervioso
central y el parasimpático, gobernado por la voluntad, pero también “disparado
automáticamente” por el código genético particular. Así, la cultura se
transmitiría de generación en generación, acumulándose y haciendo que cada nueva
formación sea superior culturalmente a la otra, en la misma proporción que la
genética lo permite.
De la misma manera, es necesario entonces confrontar no
solo con la lectura, como herramienta de aprendizaje que, como ya se dijo,
comporta la puesta en marcha de un sinnúmero de habilidades y destrezas, unas
aprendidas y otras innatas, como quedó demostrado en lo que afirma Chomsky según
Fernández (2007), sino que se requiere pasar del “consumo” de conocimientos a
la producción, acto que requiere de un salto cualitativo importantísimo: de la
lectura a la escritura. Del reconocimiento, decodificación, clasificación e
incorporación de los conocimientos recogidos mediante el texto, a la producción
ya sea oral o escrita de nuevas ideas. Pero cuando se trata de escribirlos
surge entonces el problema del modelaje: ¿bajo cuáles parámetros y principios
se va a escribir? ¿Qué modelo seguir, sin que lo que se escriba suene a
“plagio”?
Todas esas interrogantes están presentes en el trabajo de
CHÁVEZ M., (2000) quien aborda la
escritura como un proceso de imitación. Señalando que todas las artes son, más
o menos, imitativas: a lo cual es posible añadir que, en efecto, todas las
artes comienzan por la observación de otros modelos presentes en el contexto social donde se desenvuelve la persona; así, la música que escucha, los objetos que le rodean, la estructura arquitectónica, en suma, todo aquello cuanto es creación estética del hombre, impacta en el cognoscente y, por ende, es inevitable su reproducción, desde el mismo momento que asume la creación. De hecho, desde tiempos inmemoriales se acostumbra llevar a los aprendices del arte donde un maestro, que le impulsa en los pininos de su trabajo creador, en un proceso de aprender haciendo, guiado por su preceptor.. A eso se conoce como “escuelas”: se aprende a pintar, viendo a dichos maestros;
incluso, muchos de ellos enseñan a sus estudiantes haciéndoles copiar los
trabajos de grandes pintores. Igualmente, la escritura creativa no es purista: surge
del contacto con otras; puede que de menor o mayor nivel, quizá algunas muy
mediocres, pero se aprende a escribir luego de leer y hacerlo muy
frecuentemente. Es, prácticamente, una consecuencia de la lectura. Por eso se
habla de comprensión lectoescritora y no
de compresión lectora a secas.
En efecto CHÁVEZ M., (2000:154) afirma que… un alumno domina la escritura cuando es
capaz de contar un cuento de varias maneras… esto es: ser capaces de tomar una
historia y adaptarla a sus propias necesidades, transformarla según su escala
de valores y hacerla más cercana a lo propio y vernáculo, con lo cual la hará
inmortal. Porque tal como ya había dicho Atzaga (1997, en CHÁVEZ M., 2000;) cuando se argüía que todo lo bueno
ya estaba escrito: “-¿Para qué escribir entonces? Si todas las
historias buenas ya están escritas... -Porque, como dice alguien que recuerdo,
a la gente se le olvidan. Y nosotros, los escritores nuevos, se las recordamos.
Y eso es todo”. (p. 154)
Es posible inferir, a partir de la
cita anterior, que es el contexto el que denomina el ser, aunque este, a su
vez, transforma su entorno en la medida que se empodera de él. Esta relación casi simbiótica, de codependencia,
es la que se establece también entre la lectura y la escritura: solamente es
capaz de elevadas formas de escribir quien más lee. De hecho, el proceso de
retroalimentación que se efectúa a partir de la práctica cotidiana de la
lectura, se refleja en el modo de escribir puesto que, como ya se vió en FERNÁNDEZ
J., (2007), disponemos de un lexicón: un diccionario almacenado en la psique que se acomoda en dos niveles activo (el que se comprende con gran
facilidad) y pasivo (aquel que se
comprende si se recibe, pero que no suele emplearse conscientemente), pero que
igualmente se acumula toda la vida y no para de enriquecerse.
En
este sentido la lectura se hace la base de la producción escrita, por lo cual
no es posible que un estudiante genere un producto si no ha sido puesto en
contacto con la lectura, de manera consuetudinaria, permanente y evolutiva.
Pasando de la confrontación con simples recetas de cocina o folletos de
instrucciones de equipos, hasta los textos más elaborados, sin desdeñar nada:
novelas románticas, de policías, de misterio, cuentos, adivinanzas; todo cuanto
pueda leerse debe ser leído, para así provocar la imitación, generar la
volición de escribir.
En
ese contexto, es posible afirmar que solamente cuando el lexicón del cual habla Fernández (op. cit), se encuentra lleno, es
cuando empieza a derramarse en producciones escritas. Nadie escribe desde lo
que no sabe. Todos escriben de lo que saben, lo que han experimentado, lo que
les mueve y emociona. Para ello, es necesario cultivar la libertad académica,
estimular la interpretación abierta y la re-interpretación de textos, dejar de
concebir la imitación como un enemigo de la creación y entenderla,
precisamente, como la base de la misma.
Sobre
este particular conviene citar Carlos
Pujol, (en CHÁVEZ M.,
2000): cuando dice:
Quizás leer y escribir sea lo único que valga
la pena aprender, lo único que haya que enseñar de veras a todo el mundo para
su honrosa supervivencia. Si nuestros universitarios terminaran sus carreras
sabiendo leer y escribir dignamente, ya podríamos darnos por satisfechos, todo
lo demás se daría por añadidura, se encuentra en libros… que hay que saber
leer. (p. 157).
Es
por ello que, añadiendo a lo que señala el autor arriba citado, es posible
señalar que la búsqueda de mecanismos
para ejercitar la comprensión lectoescritora quizá sea la labor más encomiable
de todo el sistema educativo y quizá responda a la pregunta: ¿Para qué sirve la
educación?. Si el trayecto formativo alcanza para que la persona tenga una
adecuada aproximación al texto escrito, incorporando lo que allí está dentro de
su acervo y, a la vez, estando en capacidad de generar nuevas producciones que
argumenten sobre ello y contribuyan al incremento de los saberes, ese proceso
heurístico hará que haya valido la pena todo el esfuerzo y la inversión
realizada en el sistema escolar.
A
ese respecto, convendría analizar a profundidad el cambio educativo que está
impulsando el gobierno japonés (TALAVERA M., 2012): se
trata de un plan piloto llamado “Cambio
Valiente” (Futoji no henkō), basado en tres principios: 1) Cero patriotismos;
2) Cero materias de relleno; 3) Cero tareas y cinco (05) materias: 1) Aritmética
de Negocios: Las operaciones básicas y uso de calculadoras de negocio; 2.-
Lectura: Empiezan leyendo una hoja diaria del libro que cada niño escoja, y
terminan leyendo un libro por semana; 3.- Civismo: Pero entendiendo el civismo
como el respeto total a las leyes, el valor civil, la ética, el respeto a las
normas de convivencia, la tolerancia, el altruismo, y el respeto a la ecología;
4.- Computación: Office, internet, redes sociales y negocios on-line. y 5.- 4
Idiomas; Alfabetos, Culturas y Religiones: japonesa, americana, china y árabe,
con visitas de intercambio a familias de cada país durante el verano.
Como
puede verse, la meta psicolingüística de este proceso pedagógico innovador
japonés se fundamenta en la lectura de un libro por semana y la comprensión
de 4 idiomas, alfabetos, culturas y
religiones. Una persona con esa formación no puede ser menos que ciudadano del
mundo, un libertario y un ser comprensivo, compasivo, honesto y solidario, con
una conducta basada en la humildad y el respeto por la alteridad, en suma: una
nueva clase de ser humano.
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